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La obra que realiza Naroa encaja históricamente dentro de los que han dado en llamar los procesos vitalistas. Es decir, aquellos en los que el arte se propone como un modo de actuación, una manifestación de descarga emocional,  buscando una relación lo más estrecha y fluida posible entre las experiencias de la vida y las derivadas del propio arte.

Así, Naroa, en su quehacer artístico, se aprovecha de ciertas libertades existencialistas y psicológistas del expresionismo abstracto, partiendo de aquellas sintaxis basadas en la deformación de líneas, ritmos y en la intensificación del color. También se apoya en la acción del movimiento del cuerpo en el acto de la ejecución de sus obras, pretendiendo reflejar con ello vivencias de distinto carácter. En este tipo de procesos la materia tiene una extensión y una duración y no tanto una estructura espacial ni temporal. La disponibilidad de la materia de la que parte Naroa es ilimitada; al manipularla, establece con ella una relación de continuidad existencial, de identificación con la incertidumbre de su propio ser y la situación que le ha tocado vivir.

Y es ahí donde quizás esta artista aporta algo diferente a lo habitual dentro de estos modos de hacer expresionista. Dentro de este movimiento, vemos que las vivencias que se descargan dentro de un proceso volitivo son más bien de carácter desgarrador, angustioso o violento. Sin embargo, en la obra de Naroa no hay asomo de agresividad alguna y ese hecho por paradójico e inhabitual, tiene un gran valor.
Y es que detrás de esta actitud ante el hecho artístico está el valorar de forma superior lo individual, lo singular de cada cual, valorando la vida y la existencia, no contando tanto los conceptos generalizadores sino el vivir mismo. Un vivir a veces entretenido y otras no tanto pero que en cualquier caso a través del arte y su práctica se hace más intenso, apasionante y divertido.

Y sé de lo que hablo por haber sido compañero de estudio de Naroa durante un par de años, habiendo compartido quehaceres varios, constituyendo tiempos apartes, y dejando recuerdos que, cuando nos vemos ocasionalmente, siempre nos acaban dando un poco la risa.

Fito R.Escudero
Director del Dpt. de pintura de la U.P.V